Besos de una noche.


Ella:

Quiero tu cuerpo, quiero saciar esta sed de ti, que me mata sino te bebo. Sentir como recorres mi cuerpo encendido cada vez más esta yama que es tan fuerte como tu mirada… y mis ganas de apretarte contra mi y fundirnos en este fuego no tendrá fin.

El:

No quiero alejarme de tus labios si no es para coger aire y fuerzas, y así continuar con este baile de cuerpos. Vaivén de cinturas con piernas entrelazadas. Haz de tus muslos mis cadenas y yo de mis brazos las cuerdas para atarnos en el tiempo que nos dure este deseo.

Ella:

Enredame con cada dedo, cura las cicatrices. Centímetro a centímetro sana mi ser, con el susurrar de tu cintura sobre mí, hazme creer por una noche que sera eterno, que no sera igual que otras veces, que no existe sino este momento unido a nosotros dos. Y esta pasión que nos enloquece con cada beso, con cada prenda que nos quitamos, que nos rompemos con la locura de descubrir que hay debajo de estos harapos.

El:

Piel, no quiero encontrar más que tu misera piel para recorrerla sin manos. Dar besos infinitos por tu cuerpo sin limites ni fronteras me quita el sueño. Devore tu pasión durante horas y no pude saciar mi hambre de ti. El colchón, la sabana y nuestros cuerpos se hicieron uno. Perdí de vista tus manos durante un segundo y acabe besando rincones que nunca imagine que tendrías.

Un saludo, “Cicatrices de colores”.

Gracias a “Corazón de mimbre” por colaborar en este pequeño relato.

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